A casi dos meses de haber asumido, el gobierno de Mauricio Macri ya dibujó los trazos más gruesos de lo que será su política económica. El reordenamiento de las variables macro vs. el clima social.

Las perspectivas de la economía argentina para el año que comenzó podrían dividirse en dos fases: una que ya comenzó con las medidas que tomó el flamante gobierno de Mauricio Macri; y otra que se iniciará en el segundo semestre con las consecuencias de estas decisiones, entre las que se destacan el final del cepo cambiario y de las retenciones agropecuarias e industriales, entre otras medidas de fondo que incluyen el cierre de la negociación con los “holdouts”, en curso.

Paralelamente, la nueva Administración “blindó” las alicaídas reservas internacionales con un préstamo de 5.000 millones de dólares otorgado por un consorcio de bancos privados internacionales, lo que servirá para ganar oxígeno en el frente cambiario. Por otra parte, el Banco Central elevó las tasas de interés con el fin de salir del cepo con tranquilidad con una notable baja de la demanda de dólares. Esta medida, específicamente, no debiera ser mantenida en el tiempo y además se tomó para evitar una devaluación aún mayor.

Las negociaciones paritarias serán la primera prueba de fuste para el machismo, atravesadas por la tensión que genera la devaluación y el ajuste de tarifas versus las demandas de aumentos salariales. A pesar del soterrado apoyo de la CGT de Hugo Moyano, queda claro que las turbulencias no serán menores.

Según Luis Mornaghi, presidente de Global Equity, la estrategia elegida por Macri está destinada a “corregir en el menor tiempo posible la gran cantidad de distorsiones macroeconómicas que dejó la gestión anterior, buscando llegar a una economía sustentable en el mediano plazo”. Para el especialista, “para lograr esto se vio forzado a tomar medidas antipopulares en los primeros días de gestión y, por eso, requerirá precisión en las medidas que repercutan en el flanco social”. El objetivo de la nueva Administración, según Mornaghi, “es alcanzar una economía en crecimiento lo antes posible, bajando la inflación, fomentando la inversión y la competitividad en los precios para llegar a las elecciones de medio término con mayor oxígeno”.

Entretanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó sus proyecciones de crecimiento económico. El organismo que preside Christine Lagarde empeoró su pronóstico para la Argentina: la economía caerá 1% en 2016, tres décimas más de lo que había proyectado en octubre. De esta forma, el Fondo confirmó que el país caerá en recesión durante el primer año de gobierno de Macri. El nuevo pronóstico se conoció a través del informe “Panorama Económico Mundial” en una conferencia de prensa celebrada el pasado 22 en Washington.

Alejandro Werner, director del Hemisferio Occidental del Fondo, aseguró que el país comenzó una “importante transición” en el camino de corregir las distorsiones en la política económica de los últimos años. El nuevo enfoque “ha mejorado las perspectivas de crecimiento para el mediano plazo, pero es probable que el ajuste genere una leve recesión en 2016”, anticipó Werner.

Pero del número que salga de las paritarias dependerá el nivel de la inflación que, si se dispara, puede terminar licuando la corrección del tipo de cambio. “El campo, en general, con trigo, maíz, ganadería y lácteos, son los (sectores) mejor posicionados porque pueden exportar al precio internacional y remarcaron en el mercado interno”, opina Marina Dal Poggetto, economista de la consultora Bein & Asociados.

“En 2016, los más beneficiados serán los sectores transables, ligados a la exportación”, coincide el director de Abeceb, Dante Sica. Su colega Fausto Spotorno, de la consultora de Orlando Ferreres, destaca la oportunidad que tendrán ciertos sectores de la industria, “que tras la salida del cepo vuelven a tener insumos”, sobre todo aquellos que no están particularmente ligados al intercambio con Brasil. “Históricamente la Argentina vendía el 30 por ciento de sus exportaciones a Brasil y el restante 70 por ciento a América latina. Hoy esa relación es 50-50 y la oportunidad estará en la capacidad de volver a diversificar mercados”, analiza.

Precisamente, la estrategia de Macri es ampliar el horizonte comercial, tal como mostró en sus primeros movimientos de política exterior, pero sin darle la espalda a Brasil, hoy en medio de notorios problemas. Recién electo, el presidente viajó a Chile y luego envió a su vice, Gabriela Michetti, a Santiago para fortalecer la relación y preparar el terreno para reenfocarse en la Alianza del Pacífico. La presidenta del Senado tendrá la difícil tarea de recomponer los vínculos hacia adentro del Mercosur en otros dos viajes inminentes, primero a Uruguay y luego a Paraguay.

La baja “ratio” de endeudamiento externo frente al PIB, sumado a un aumento significativo de la inversión extranjera directa, serán las palancas que utilizará el Gobierno para salir del atolladero en el que lo dejó la administración de Cristina Kirchner.

En este punto, según advierten diversos analistas, la cuestión no será la falta de dólares sino la calidad. Macri se reunió en el foro de Davos con una decena de CEO de las principales empresas multinacionales, quienes pusieron a la Argentina en el pedestal, en particular por la crisis que atraviesa Brasil. Y los fondos de inversión han comenzado a incorporar a Buenos Aires como escala obligada de sus giras para detectar oportunidades de inversión.

En suma, que las perspectivas dan para un moderado optimismo, aunque con nubarrones en el plano político, atravesado por el proceso de reorganización interna del peronismo. De la velocidad y del resultado de este proceso en buena medida dependerá el futuro del macrismo en el poder.

Publicada originalmente en http://www.gacetamercantil.com/