Las perspectivas económicas de América Latina no son las mejores, apenas un crecimiento del 0,8% del PBI real de la región para 2016, lo que de todos modos implica un leve repunte respecto de 2015 cuando el promedio marcó una retracción del 0,3%, según datos del estudio sobre perspectivas económicas de la región publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) el último 15 de octubre.

“La región terminó en 2015 en recesión, después de avanzar con un mediocre 1% en el 2014. La región se ha desacelerado persistentemente desde 2011, cuando el crecimiento se moderó a 4,7% después de un 6,5% en 2010”, dijo Alfredo Coutiño, director de Moody’s Analytics a la publicación especializada AméricaEconomía.com.

Estas perspectivas, como se ha escrito en cientos de artículos, están atadas a la economía china, que cuando irrumpió en el mercado internacional elevó el precio de los commodities, lo que benefició mucho a la región. Ahora, que la segunda economía del mundo se retrajo, o al menos comenzó a reacomodarse luego de crecer a tasas exorbitantes, generó una retracción.

Estos 10 o 15 años de vacas o dragones gordos coincidieron con el arribo y consolidación en el poder de gobiernos de corte populista, que mientras tuvieron recursos auspiciaron cierta movilidad social, una lógica más horizontal en el reparto de la riqueza, pero montados sobre economías endebles o al menos con objetivos de corto plazo, y con un fuerte componente de corrupción.

El punto culminante de este poder regional fue la Cumbre de las América que sesionó en 2005 en Mar del Plata, en la que los presidentes de Argentina, Néstor Kirchner, y de Venezuela, Hugo Chávez -hoy ambos fallecidos-, lideraron a varios mandatarios de la región para abortar la propuesta de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que impulsaba  Estados Unidos, por entonces presidido por George W. Bush.

Pero hoy, a una década, la situación política regional está dando un golpe de timón, sobre todo en los países centrales del Mercosur. En Argentina acaba de asumir Mauricio Macri, constituido en líder de la centroderecha, mientras que en Brasil y Venezuela los gobiernos de Nicolás Maduro y Dilma Rousseff enfrentan duras crisis que hacen prever un cambio de signo político en esos países, el que incluso podría llegar a ser traumático en ambos casos.

Los otros dos países de la “entente” regional, Uruguay y Paraguay, siempre han buscado la forma de acercarse a la Alianza del Pacífico que armó Estados Unidos tras el fracaso del ALCA asociado con México, Colombia, Perú y Chile. Y, entre otras cosas, Macri ganó la presidencia de Argentina con la intención manifiesta de acercarse a ese bloque, sin dejar el Mercosur.

En las economías de la región también hay que tener en cuenta actores como Colombia, con la expectativa por el trabajoso acuerdo de paz que intenta cerrar con las organizaciones guerrilleras de su país; México, con su conflicto social y delictivo condicionando su potencial crecimiento; y Perú, con un notable repunte económico a pesar de las desigualdades sociales que persisten, pero también con una fuerte perspectiva de cambio de signo político en el corto plazo.

Sin embargo, a pesar de que estas perspectivas encienden luces de alarma, el Foro Económico Mundial sobre América Latina analizó recientemente la manera en que los cambios económicos y políticos se están dando en la región y destacó que para los líderes de estos países América Latina está posicionada para continuar aprovechando las oportunidades para crecer.

Según Luis Mornaghi, presidente de Global Equity, en 2016 “la región va a seguir sufriendo por la desaceleración del sector externo mundial y el ciclo descendente de los precios de los commodities que viene desde 2012”. El año próximo, la región “tendría que tocar fondo y recuperar el crecimiento en 2017 con el ajuste de los déficit de cuenta corriente gracias a la devaluación ya ocurrida de sus monedas, que permite mejorar sus costos laborales, ganar competitividad e impulsar nuevamente la inversión”. El bajo endeudamiento externo de la región, comparado con los último 20 o 30 años, “permite que la crisis se diluya más rápido acompañado de una estabilización esperada de la economía China”.

Para Tim Groser, ministro de Comercio y Asuntos de Cambio Climático de Nueva Zelanda, el cambio de modelo económico de China, en pos de un crecimiento más equilibrado y sostenible, “tendrá efectos mucho más importantes que la tasa menor de crecimiento”.

Por su parte, Manuel González Sanz, ministro de Asuntos Exteriores de Costa Rica, dijo en ese foro que durante la próxima década China será un inversor importante en América Latina y el desaceleramiento de su economía no será tan grave como para impedir que la región deje de comerciar con el gigante asiático.

Parte de estas expectativas tienen que ver con la apertura hacia nuevos mercados de productos básicos. Mientras los commodities tradicionales como petróleo, acero y carbón se ubican en sus promedios más bajos de los últimos años, las materias primas utilizadas para la producción de nuevas tecnologías, como smartphones, autos eléctricos e impresoras 3D, están en alza. Los mercados de litio, cobalto y grafito, todos alojados en los países andinos, están incrementando la demanda.

En concreto, Goldman Sachs pronostica que la demanda de litio para vehículos eléctricos podría multiplicarse por once, es decir, llegar a 300.000 toneladas en 2025.

En este esquema, Dion Vaughan, CEO de Metalysis, compañía británica que fabrica polvo de titanio, sostiene que las mineras tradicionales –que este año recortaron proyectos por miles de millones de dólares– están enfrentando un repentino cambio proveniente de la tecnología. “Estamos en el inicio de una revolución”, asegura desde la planta que tiene la compañía en la ciudad de Wath upon Dearne, en Yorkshire. “Eso no significa que el aluminio esté por desaparecer pero el orden de las cosas está por cambiar. Habrá nuevos ganadores y nuevos perdedores”.

Publicada originalmente en gacetamercantil.com