Con un escueto 11% del PBI que representan las capitalizaciones bursátiles de las empresas, las potencialidades del mercado de capitales argentino son altas pero están indefectiblemente atadas a cómo resuelva el próximo gobierno el estancamiento de la economía y cuál será la política financiera de quien administre el país a partir del 10 de diciembre próximo.

Comparada con los países de la región, la capitalización bursátil de las empresas locales está por detrás de Chile (85%), Brasil (37%), Perú (37%), Venezuela (37%), Colombia (35%) e incluso Bolivia (15%).

Este bajo desarrollo del mercado local se debe al reducido número de empresas que cotizan en Bolsa. Con sólo 95 firmas, el mercado bursátil argentino alcanza a la cuarta parte de Brasil y menos de la mitad de las que cotizan en Chile o Perú.

Sin embargo, el número de empresas que cotizaban en bolsa en Argentina fue decreciendo durante el último medio siglo ya que a comienzos de la década del ’60 había unas 660 dentro del mercado. Los vaivenes políticos y económicos redujeron el mapa bursátil a la sexta parte.

La alternativa con mayor impacto para desarrollar ese mercado es la de aumentar el número de compañías por año que hacen una oferta pública inicial de acciones (IPO). Al analizar qué cantidad de empresas podrían hacerla y el capital disponible para adquirir esos papeles, se encuentra que no hay una falta de firmas que cumplan con los requisitos mínimos para salir a Bolsa ni hay escasez de capitales, según afirman diversos especialistas. La clave es el desarrollo y la pregunta es qué puede aportar el mercado financiero a ese objetivo.

Para Luis Mornaghi, presidente de Global Equity, “el bajo desarrollo del mercado local se debe a una combinación de factores que han mantenido a los ahorristas distantes del mercado de capitales”. Según su visión, el gran desafío del mercado de capitales local, frente a esta nueva etapa para el país, es “lograr que se muestre la transparencia suficiente y despejar la aparente complejidad a las inversiones en los productos que se manejan”. Mornaghi opina que las compañías “necesitan del financiamiento de los ahorristas privados, pero el paso fundamental para que esto suceda es mostrar un mercado de capitales totalmente transparente y accesible, no solo para los inversionistas sofisticados sino también para el inversionista mediano y pequeño”. Solo así, concluye, “podremos satisfacer las necesidades de financiamiento que hoy las empresas nos requieren”.

El caso es que a pesar de la estrechez de los números, el PBI nominal de Argentina, estimado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 540.164 millones de dólares, ubica a su economía entre las 25 más grandes del mundo y en al tercera de América Latina, detrás de Brasil (2.353.025 millones) y México (1.282.725 millones).

La conclusión, por ende, es que la Argentina tiene un desarrollo potencial elevado pero la condición principal para expandir ese potencial es la existencia de una moneda nacional estable y de niveles de inflación de un dígito anual.

Durante el período 2000-2014, más de 100.000 millones de dólares, equivalentes a más del doble de la capitalización bursátil de Argentina, salieron del país. El retorno de estos capitales y su aplicación al financiamiento de las actividades productivas debería ser una prioridad en la agenda del próximo gobierno.

Sebastian Mornaghi, vicepresidente de Global Equity, opina que en cada momento que el país ha mostrado coherencia en el manejo macroeconómico y de las variables internas, “los fondos para financiar la actividad productiva han aparecido”. Los inversionistas, señaló, “son más racionales de lo que muchos pensamos” y, dadas las condiciones, “gran parte de ese flujo de egreso de divisas que hemos estado observando este último tiempo se puede revertir, pasando a formar parte vital del proceso de desarrollo económico que hoy el país necesita”. El directivo de Global considera que no debe pensarse en los inversionistas como grandes empresas multinacionales. “Los potenciales inversionistas son cada uno de los argentinos que han logrado generar un ahorro y que hoy lo prefieren tenerlo resguardado fuera del sistema bancario, esos son los inversionistas que las políticas p tienen que buscar atraer”.

Es claro que tanto Daniel Scioli, candidato presidencial del Frente para la Victoria, como Mauricio Macri, el aspirante de Cambiemos, no tienen planes muy disímiles en cuanto a la relación con los mercados internacionales y a la necesidad de sanear las variables de la economía interna.

Gane quien gane en los comicios presidenciales, el próximo 22, tendrá que rever la política financiera exterior planteada por el gobierno de Cristina Kirchner, sincerar las mediciones internas, encontrar la salida menos traumática del cepo cambiario y recuperar la confiabilidad para acceder a un flujo constante de inversiones.